«Pero estabas muy
sexy, ¿sabes? Empapada por la lluvia y… y tuve un impulso loco de tumbarte bajo
la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo.»
Dos
años después de la gran historia de amor en Annie
Hall (1977) que cautivó al público, Woody Allen volvió con una historia de
amor en la que la ciudad de Nueva York se convierte en un eje fundamental con
algunos elementos parecidos a dicha película como, por ejemplo, el tratamiento
de sus personajes. Esta vez Allen interpreta a Isaac Davis, un hombre de
mediana edad separado su mujer lesbiana que está saliendo con una chica de 17
años aunque, paralelo a ello, empieza a conocer y a enamorarse de Mary, la
amante de su mejor amigo.
Y, como
he dicho anteriormente, vuelve a traer una temática semejante a la de Annie
Hall: una historia de amor como tema principal, aunque también tratando las
amistades o el sexo a través de los diálogos que los personajes tienen entre
sí. Es por esto que se trate de una
comedia romántica con algunos toques de drama. Con
un buen guión que contiene una serie de diálogos
inteligentes, irónicos y soberbios, la
película hace que 96 minutos se conviertan imprescindibles y deleiten al espectador.
96 minutos de paseo por Nueva York que
llega a ser un gran placer debido a la perfecta fotografía recorriendo
distintos planos y paisajes de la ciudad, acentuada por el blanco y negro que lleva
a una película única y maquilla la gran manzana con un tono especial. De estos
planos destaca la famosa fotografía que protagonizan Mary e Isaac sentados en
un banco a los pies del puente de Queensboro, que sirvió para el poster
principal de la película.
En
cuanto a las actuaciones, simplemente todas y cada una son perfectas: Woody
Allen, Diane Keton, Michael Murphy, Mariel Hemingway, Meryl Streep… son algunos
de los ejemplos de este gran elenco de actores y actrices que ayudan a uno a
enamorarse más de la película. Por
otro lado, ¿qué sería de una película de Woody Allen sin su característica
música? Es por ello por lo que hay que aplaudir y alabar a George Gershwin, entre
cuyas interpretaciones destaca Rhapsody
in Blue a piano, interpretada por Gordon Willis; una melodía que acentúa el
ambiente en el que la película quiere introducir al espectador.
Manhattan, a pesar de su gran relevancia y positivas críticas, no llegó
a ser tan gustada como Annie Hall,
aunque no le tiene nada que envidiar y, en mi opinión, en ciertos aspectos
llega a superarla. Es una gran metáfora de la ciudad de Nueva York junto a sus
ciudadanos, un enredo de historias personales bien escritas por un Woody Allen
que en esta época ya se había consagrado como un gran cineasta. 8’5/10


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