lunes, 17 de febrero de 2014

Manhattan

«Pero estabas muy sexy, ¿sabes? Empapada por la lluvia y… y tuve un impulso loco de tumbarte bajo la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo.»


Dos años después de la gran historia de amor en Annie Hall (1977) que cautivó al público, Woody Allen volvió con una historia de amor en la que la ciudad de Nueva York se convierte en un eje fundamental con algunos elementos parecidos a dicha película como, por ejemplo, el tratamiento de sus personajes. Esta vez Allen interpreta a Isaac Davis, un hombre de mediana edad separado su mujer lesbiana que está saliendo con una chica de 17 años aunque, paralelo a ello, empieza a conocer y a enamorarse de Mary, la amante de su mejor amigo.

Y, como he dicho anteriormente, vuelve a traer una temática semejante a la de Annie Hall: una historia de amor como tema principal, aunque también tratando las amistades o el sexo a través de los diálogos que los personajes tienen entre sí. Es por esto que se trate de una  comedia romántica con algunos toques de drama. Con un buen guión que contiene una serie de diálogos inteligentes, irónicos y soberbios,  la película hace que 96 minutos se conviertan imprescindibles y deleiten al espectador. 96  minutos de paseo por Nueva York que llega a ser un gran placer debido a la perfecta fotografía recorriendo distintos planos y paisajes de la ciudad, acentuada por el blanco y negro que lleva a una película única y maquilla la gran manzana con un tono especial. De estos planos destaca la famosa fotografía que protagonizan Mary e Isaac sentados en un banco a los pies del puente de Queensboro, que sirvió para el poster principal de la película.



En cuanto a las actuaciones, simplemente todas y cada una son perfectas: Woody Allen, Diane Keton, Michael Murphy, Mariel Hemingway, Meryl Streep… son algunos de los ejemplos de este gran elenco de actores y actrices que ayudan a uno a enamorarse más de la película. Por otro lado, ¿qué sería de una película de Woody Allen sin su característica música? Es por ello por lo que hay que aplaudir y alabar a George Gershwin, entre cuyas interpretaciones destaca Rhapsody in Blue a piano, interpretada por Gordon Willis; una melodía que acentúa el ambiente en el que la película quiere introducir al espectador.

Manhattan, a pesar de su gran relevancia y positivas críticas, no llegó a ser tan gustada como Annie Hall, aunque no le tiene nada que envidiar y, en mi opinión, en ciertos aspectos llega a superarla. Es una gran metáfora de la ciudad de Nueva York junto a sus ciudadanos, un enredo de historias personales bien escritas por un Woody Allen que en esta época ya se había consagrado como un gran cineasta. 8’5/10




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